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Cantariña: cinco hermanos y doce hectáreas que no se vendieron

La Viña de los Pinos, en Villafranca del Bierzo, con la casa blanca y los tres pinos

Una viña que todo el Bierzo conoce

Entre Cacabelos y Villafranca hay un cerro con tres pinos y una casa blanca en la cima. Lo han visto miles de peregrinos del Camino sin saber lo que era. Se llama Viña de los Pinos, y alrededor de esa casa hay cepas plantadas en 1910 que siguen dando uva.

Esa viña es de la familia Ysart. Y la historia de cómo llegó hasta ellos explica bastante bien qué clase de bodega es Cantariña.

Lo que el abuelo tuvo y lo que quedó

La familia llegó a tener cuarenta hectáreas de viña en Villafranca del Bierzo. Con la crisis del vino de los noventa, la mayoría se perdió. Salvaron doce.

Durante años esas doce hectáreas estuvieron alquiladas a otra bodega. Hasta que en 2015 pasó algo pequeño que lo cambió todo: la bodega que las llevaba dejó sin vendimiar una parcela de garnacha tintorera. Los hermanos la recogieron ellos y con esa uva hicieron su primer vino, Cantariña 1, La Garnacha. Al año siguiente recuperaron una parcela de mencía.

Lo que empezó como recoger lo que nadie iba a recoger acabó en una bodega. Las primeras botellas salieron al mercado en 2019.

Quiénes son

Detrás de Cantariña están los hermanos Ysart Álvarez de Toledo, cinco. Santi Ysart, ingeniero y máster en viticultura y enología, lleva el campo y la bodega, y en 2017 se mudó a Villafranca para dedicarse a ello a tiempo completo.

El nombre no viene de ningún apellido ni de ninguna finca: la cantariña es un grillo de la zona que canta entre las viñas.

Las viñas

Hoy cuidan 13 hectáreas de viñedo repartidas en tres parajes de Villafranca del Bierzo:

  • Las Gundiñas, donde está la Viña de los Pinos.
  • Valdeobispo, con las viñas más viejas de palomino y doña blanca en la parte alta.
  • El Cotelo.

Y desde hace poco trabajan también un proyecto nuevo fuera de Villafranca: A Freita, en Corullón.

Cepas en vaso plantadas entre 1903 y 1910, entre 525 y 600 metros de altitud, sobre suelos arcillosos con arena y cuarcitas. En la Viña de los Pinos cada planta da menos de kilo y medio de uva: un rendimiento ridículo que es exactamente lo que hace falta para que el vino tenga algo que contar.

Trabajan en ecológico —el Villafranca Godello ya está certificado por el CAECyL— con cubiertas vegetales, tratamientos de contacto y varias pasadas de laboreo al año. En bodega, el único añadido son los sulfitos: no acidifican, no clarifican, no usan enzimas, y fermentan con levaduras autóctonas.

Cepa vieja en vaso en el paraje El Cotelo, Villafranca del Bierzo
Cepa vieja en vaso en el paraje El Cotelo.

Qué tenemos de Cantariña

Cantariña Villafranca 2022. Su mencía de villa, de las cepas de 1903-1910 de Las Gundiñas y Valdeobispo. Fermentación espontánea en tinas de roble con parte de racimo entero y doce meses de crianza. Frutos rojos, especias y monte sobre un roble bien integrado. 2022 fue una añada cálida y aun así conserva la frescura del Bierzo, que es justo lo que uno quiere comprobar.

Cantariña Villafranca Godello 2024. El blanco de villa, fermentado espontáneamente en barrica usada y once meses sobre lías. Manzana, flores blancas y cítricos sobre una madera que no se nota. El único de la casa con el sello ecológico ya certificado. 2.412 botellas.

Cantariña 2, Viña de Los Pinos 2021. El vino de la viña del cerro: parcela única de 2,6 hectáreas, mencía con un 10 % de palomino, cepas de 1910, doce meses en tina de roble. Rojo cereza, frutos rojos y rosas maduras, acidez viva y un final donde se nota la arcilla. La propia bodega recomienda tener otra botella a mano, y no es una frase.

Cantariña 4, La Blanca 2023. El coupage de todas sus uvas blancas: godello, palomino y doña blanca, rompiendo su costumbre de hacer vinos de pago por viñedo. Lo hicieron, cuentan ellos, por cabezonería: para demostrar que las variedades blancas locales del Bierzo, las que no están de moda, dan grandes vinos. Miel, frutos blancos, flores secas y un final crujiente. Un homenaje a los blancos que recordaban en casa, los que hacía su abuelo. 2.665 botellas.

El botellero de la bodega de Cantariña
El botellero de la bodega, en Villafranca del Bierzo.

Por qué nos interesan

Porque son vinos de paraje de verdad, de viñas que ya estaban ahí cuando nadie hablaba del Bierzo, hechos por gente que vive en el pueblo donde están las cepas.

Y porque el Bierzo lleva unos años siendo una de las zonas más interesantes de España, pero casi todo el foco se lo lleva la mencía. Cantariña hace la mencía, sí, y además se ha empeñado en los blancos: godello, palomino, doña blanca. Esa parte es la que casi nadie está contando, y es donde hay más que descubrir.

Son producciones pequeñas. Dos mil botellas de La Blanca no dan para todo el mundo.

Si te interesan las bodegas que trabajan así, lee también el reportaje sobre Bodegas Vegalfaro, en ecológico desde 1999 en Utiel-Requena.

La historia de la bodega procede de su propia web y de reportajes publicados sobre ella. Los datos técnicos de cada vino, de las fichas facilitadas por la bodega.

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