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Godello de Valdeorras: el blanco de altura que juega en otra liga

Granito, bancales y viñedo viejo: por qué el godello de Valdeorras se comporta como un blanco de guarda y cómo distinguir uno de autor.
Viñedos en bancales sobre ladera atlántica, paisaje insular

Durante años, el blanco español que se citaba fuera era el albariño. El godello iba por detrás, con fama de uva local de Valdeorras y poco más. Hoy es la variedad que muchos sumilleres ponen primero cuando alguien pide «un blanco serio y español». Vale la pena entender por qué, porque no es marketing: es altura, granito y una forma concreta de trabajar la viña.

Qué es el godello

Es una variedad blanca del noroeste peninsular, presente sobre todo en Valdeorras, Monterrei, Ribeira Sacra y el Bierzo. Da vinos de acidez firme, cuerpo medio y una textura que recuerda más a un blanco de Borgoña que a un blanco atlántico ligero. Aguanta bien la fermentación en madera grande y, sobre todo, aguanta el paso del tiempo en botella, cosa que muy pocos blancos españoles hacen con gracia.

Esa combinación, acidez alta y cuerpo, es la razón de que el godello funcione tan bien en mesa: no se lo come el plato.

Valdeorras: altura, granito y bancales

Valdeorras está en el extremo oriental de Ourense, donde el clima atlántico ya viene mezclado con influencia continental. Las mejores parcelas están en ladera, en bancales, a cotas que obligan a vendimiar a mano porque no entra una máquina.

El suelo importa tanto como la altura. En las zonas graníticas con arena en superficie, el vino sale más tenso y salino; en las pizarras, más profundo y mineral. Si alguna vez has notado que dos godellos de la misma añada no se parecen en nada, casi siempre la explicación está ahí.

El efecto Rafael Palacios

El punto de inflexión tiene nombre. Rafael Palacios, el pequeño de una saga de elaboradores riojanos, llegó a Valdeorras en 2004 buscando exactamente esto: viñedo viejo de godello en altura. Según Spanish Wine Lover, sus parcelas se concentran en la zona de O Bolo, en el valle del Bibei, entre los 500 y los 720 metros, sobre suelos mayoritariamente graníticos con arena en superficie.

Su vino de entrada, Louro, es probablemente la mejor forma de entender de qué hablamos cuando hablamos de godello de altura: fruta blanca contenida, acidez recta y un final seco y salino. No es un blanco de aperitivo, es un blanco de comida.

Cómo distinguir un godello de autor

Tres señales sirven casi siempre. La primera, el origen: cuanto más concreto (un paraje, un pueblo, una ladera), mejor suele ser el trabajo detrás. La segunda, la madera: en un godello bien hecho la barrica no se nota como sabor, se nota como textura. Y la tercera, la acidez final: si el vino termina corto y dulzón, no es el estilo del que estamos hablando.

Un apunte útil para no confundirse: el godello no es exclusivo de Valdeorras. En el Bierzo, a pocos kilómetros, da vinos de perfil distinto, algo más amplios. Puedes comprobarlo con el Ultreia Godello de Raúl Pérez y comparar los dos en la misma cena: es el mejor ejercicio de cata que puedes hacer en casa.

Cómo servirlo

Ni helado ni templado: entre 10 y 12 grados. Por debajo de eso se apaga la fruta y solo queda la acidez. Copa de blanco amplia, no flauta. Y si abres una botella con dos o tres años, no la sirvas entera de golpe: el godello se abre en la copa y el segundo día en la nevera suele estar mejor que el primero.

A mesa, con pescado blanco al horno, con arroces marineros, con quesos curados no muy salados y, esto sorprende a todo el mundo, con cocina asiática de especia suave.

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