La historia de Bodega Chacra empieza en la Toscana y termina en la Patagonia. Un apellido ligado a uno de los vinos más míticos de Italia, un viñedo abandonado de casi un siglo y una obsesión por el pinot noir dieron lugar a uno de los proyectos más admirados del hemisferio sur. Y dos de sus vinos están hoy en la carta de VIP Drink.
Un apellido de leyenda toscana
Piero Incisa della Rocchetta es nieto del marchese Mario Incisa della Rocchetta, el hombre que creó Sassicaia en la Tenuta San Guido y abrió el camino de los llamados Super Toscanos. Con esa herencia a la espalda, Piero podría haberse quedado en Italia; en cambio, en 2004 fundó Bodega Chacra en la Patagonia argentina, empeñado en hacer pinot noir en uno de los confines del mundo del vino.
Un viñedo abandonado de 1932
El detonante fue un hallazgo casi arqueológico: un viñedo abandonado de pinot noir plantado en 1932, de pie franco (sin injertar) y anterior a la filoxera. Los suelos arenosos de la zona habían impedido históricamente que la plaga prosperara, de modo que aquellas cepas europeas habían sobrevivido intactas más de noventa años. Piero las recuperó y sumó después parcelas de 1955 y 1967, además de plantaciones más jóvenes de los años noventa. Esa base de viña vieja de pie franco es el auténtico tesoro de la casa.
Mainqué, entre los Andes y el Atlántico
Chacra se asienta en el distrito de Mainqué, en el Alto Valle de Río Negro, al norte de la Patagonia. Los viñedos crecen sobre suelos aluviales y arenosos a unos 280 metros de altitud, en una llanura fluvial situada casi a la misma distancia de la cordillera de los Andes y del océano Atlántico. El clima —seco, ventoso, de fuerte oscilación entre el día y la noche— es el que da a estos pinot noir su combinación de fruta fina, acidez y ligereza.
Biodinámica y mínima intervención
La finca está certificada en biodinámica (Demeter) y la bodega trabaja con una filosofía de mínima intervención: fermentaciones con levaduras autóctonas, poco o nada de azufre, embotellado sin filtrar y crianzas en hormigón y en roble francés usado, para no tapar el terruño. La bodega se mantiene deliberadamente «neutra». En blanco, Piero elabora un chardonnay de clima frío en colaboración con el borgoñón Jean-Marc Roulot, una de las manos más respetadas de Meursault.
«55» y un chardonnay de referencia
La gama va de la entrada (Barda) a la joya de la casa (Treinta y Dos, de las cepas de 1932), pasando por Lunita y por el Cincuenta y Cinco, un pinot noir procedente de las viñas plantadas en 1955: sedoso, floral y sorprendentemente delicado para venir de tan lejos. Junto a él, el Chacra Chardonnay —nuestra Selección del mes— muestra la otra cara de la casa: un blanco tenso y salino que explica por qué la Patagonia se ha ganado un sitio entre las grandes regiones del pinot y el chardonnay. Dos formas de asomarse al proyecto más improbable y fascinante del sur.

