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Pago de Carraovejas: de nueve hectáreas a ciento sesenta

De 9 hectáreas en 1987 a 160 en producción: historia, suelos y elaboración de Pago de Carraovejas, con el coupage añada por añada.
Hileras de viña sobre suelo rojizo en Castilla y León

La primera añada de Pago de Carraovejas, la de 1991, se hizo con unos setenta mil kilos de uva procedentes de veinticinco hectáreas en producción. Cuatro años antes, en 1987, el proyecto había arrancado con nueve. Esa progresión, de nueve a veinticinco hectáreas en cuatro años y de ahí a las ciento sesenta en producción que la casa declara hoy, es la historia corta de la bodega. La larga empieza en un comedor de Segovia y en un concurso de sumilleres celebrado en Milán.

Bodega Pago de Carraovejas
Bodega Pago de Carraovejas. Foto: Pablo Guillén Llanos (CC BY-SA 3.0), vía Wikimedia Commons.

Un sumiller que se plantó su propia carta

Bodega antigua de Pago de Carraovejas entre sus viñedos
La bodega original de Pago de Carraovejas.

José María Ruiz representó a España en el Primer Concurso Mundial de Sumilleres, celebrado en Milán en 1971. Once años después, en 1982, abrió el Restaurante José María en Segovia, y cinco años más tarde fundó la bodega en las laderas de la cuesta de Carraovejas, en Peñafiel. El orden importa: primero la sala y la copa, después la viña. El propio grupo sitúa el origen de la idea en los años setenta, cuando Ruiz era un emprendedor joven, lo que convierte a Pago de Carraovejas en una de esas bodegas que nacen en el comedor de un restaurante y no al revés.

La ficha del Consejo Regulador de la Ribera del Duero recoge lo administrativo: razón social Pago de Carraovejas, S.L.U., domicilio en Camino de Carraovejas s/n, Peñafiel (Valladolid), año de fundación 1987 y seis marcas inscritas, entre ellas Cuesta de las Liebres y Carraovejas Autor. El pago toma el nombre de la cuesta y el domicilio social es literalmente un camino. Sobre el origen del topónimo circulan explicaciones que ni la bodega ni el Consejo documentan, así que aquí nos quedamos con la dirección postal.

La segunda generación entró en 2007, cuando se incorporó Pedro Ruiz y la casa empujó en tres direcciones: sostenibilidad, innovación y enoturismo. En 2016 la familia recibió el reconocimiento de Familia Empresaria de Castilla y León y en 2017 el de Empresario del Año.

Ladera sur, arroyo Botijas y más de cien unidades de manejo

La bodega de Pago de Carraovejas con el castillo de Peñafiel reflejado
El castillo de Peñafiel, reflejado en la bodega.

La clave del pago, tal como la explica la propia bodega, es la orientación sur de sus laderas. El viñedo ocupa el valle del arroyo Botijas, perpendicular al Duero y protegido del viento del norte, frente al castillo de Peñafiel. La altitud media es de 850 metros y en el páramo se superan los 900.

El terreno es suavemente ondulado y llano en el centro del valle, y escarpado y abrupto conforme se asciende, con zonas de viticultura de montaña de pendientes superiores al 20 % y sistemas de terrazas en las laderas más empinadas. De ahí que convivan tres sistemas de conducción distintos: doble cordón Royat, eje vertical y vaso échalas. Las variedades plantadas son tres, tinto fino, cabernet sauvignon y merlot, elegidas desde el principio por sus características, aunque la casa no publica cuánta superficie ocupa cada una.

Con las hectáreas hay que tener cuidado, y conviene decirlo abiertamente en una revista de tienda. El único dato que publica la bodega es el de las 160 hectáreas de viñedo actualmente en producción. Las cifras de superficie total de la finca que circulan en prensa especializada no coinciden entre sí y no hay un dato oficial, así que no daremos ninguna. Ocurre algo parecido con las altitudes: la casa da la media de 850 metros y menciona el páramo por encima de los 900, pero el intervalo mínimo y máximo que se repite en algunas fichas no está confirmado en fuente oficial.

Trescientas calicatas y un clon propio

Viñedo de Pago de Carraovejas al amanecer
Amanece sobre el viñedo de Carraovejas.

El estudio de suelos arrancó en la década de 2000 con la Universidad Politécnica de Madrid y ha incluido más de trescientas calicatas. Su conclusión no fue un mapa limpio, sino lo contrario: gran heterogeneidad de suelos en el valle de Carraovejas, con parcelas que en apariencia y en su horizonte exterior tienen una misma realidad y en las que la raíz de la cepa crece de forma muy diferente. La textura dominante es caliza, con arcillas rojas y margas blancas, de baja granulometría y alta retención de agua.

La respuesta a esa heterogeneidad ha sido administrativa y agronómica a la vez: dividir la finca en más de cien unidades de manejo distintas. El grupo habla también de más de cien parcelas cultivadas en ecológico. Es un grado de fragmentación que multiplica las decisiones en el campo, la fecha de vendimia entre ellas, y que explica por qué una finca de un solo valle puede sostener vinos de parcela.

A eso se suma material propio. Según la ficha de bodega de Spanish Wine Lover, la casa dispone de un clon propio, el llamado clon Carraovejas, y de su propia selección de levadura; los primeros estudios de suelo los firmó Vicente Gómez y el asesoramiento vitícola ha contado con José Ramón Lisarrague. La misma fuente sitúa como enóloga a Almudena Calvo, con más de quince años en la bodega, y como asesor externo a Xavier Ausàs, antiguo enólogo de Vega Sicilia. Son datos de prensa especializada, no de la web de la bodega. Lo que sí declara la casa es que las levaduras y las bacterias lácticas que fermentan sus vinos son autóctonas de la propia finca, seleccionadas desde 2004 y registradas en la Colección Española de Cultivos Tipo.

El coupage cambia con cada añada

Depósito de hormigón en forma de huevo en Pago de Carraovejas
Hormigón en forma de huevo, en la sala de elaboración.

Hay una pregunta que llega mucho a la tienda: cuál es el coupage de Pago de Carraovejas. La respuesta honesta es que depende de la cosecha. En la añada 2024 fue 95 % tinto fino, 3 % merlot y 2 % cabernet sauvignon. En la 2022, 93 % tinto fino, 4 % cabernet sauvignon y 3 % merlot. Mismo vino, misma intención, proporciones distintas: cualquiera que dé un porcentaje sin decir la añada está simplificando.

El resto del proceso sí es estable, y es un proceso largo. Vendimia manual en cajas de quince kilos con triple selección, en el viñedo, en mesa de racimo y en mesa de baya. Fermentación alcohólica en depósitos de acero inoxidable de gran superficie y en tinas de roble francés de 150 hectolitros, maloláctica en tinas de 200 hectolitros o en barrica, y trasiegos por gravedad con contenedores OVI dentro de un conjunto de instalaciones que supera los 26.000 metros cuadrados y está planteado para trabajar por gravedad.

La crianza del tinto principal es de unos doce meses en barricas nuevas y seminuevas de roble francés y americano de 225 y 600 litros, con una vida máxima de tres años por barrica, de un parque que supera las tres mil. Después llegan la clarificación natural con clara de huevo, el embotellado en primavera y un afinamiento en botella que va de seis hasta veinticuatro meses. El grado declarado en las añadas 2022 y 2024 es de 15 % vol., un dato que conviene tener presente al elegir el momento y la mesa.

Las cifras de volumen son coherentes con ese método. La bodega pone en el mercado unas 800.000 botellas al año y de la añada 2024 se elaboraron 791.181, con una vendimia que fue del 23 de septiembre al 10 de octubre de 2024.

Alma Carraovejas: seis bodegas y dos parcelas

La casa tiene además dos vinos de parcela, El Anejón y Cuesta de las Liebres. El primero ocupa una fuerte pendiente orientada al sol con vistas privilegiadas al castillo de Peñafiel; el segundo se asienta a unos 900 metros sobre marga caliza con afloramientos de sales calcáreas de un tono blanquecino muy característico. La descripción es de Verema, no de la web de la bodega, y conviene leerla como lo que es: la mirada de un tercero sobre dos parcelas que figuran también como marcas inscritas en el Consejo Regulador.

Alrededor de la bodega ha crecido Alma Carraovejas, que agrupa seis proyectos vitivinícolas: Pago de Carraovejas en Peñafiel, Ossian Vides y Vinos en Nieva, Milsetentayseis en Fuentenebro, Viña Meín y Emilio Rojo en Leiro (Ourense), Aiurri en la Rioja Alavesa y Bodega Marañones en Gredos. Suma además el restaurante Ambivium en Peñafiel, la importadora SV Wines, Alma Carraovejas Distribución y la fundación Cultura Líquida. Las fechas de incorporación que da la prensa especializada, Ossian en 2016, Viña Meín y Emilio Rojo en 2019, y Marañones y Aiurri en 2021, no aparecen en la web del grupo, que no publica fechas de adquisición.

En el pie de la web de la bodega luce el sello B Corp del grupo, y la portada se presenta entre las cincuenta mejores bodegas del mundo en 2025 según el listado World's Best Vineyards. El puesto concreto no lo publica la casa y las notas que lo han recogido no coinciden entre sí, de modo que nos quedamos con el dato tal como lo declara la bodega. Al final, lo que explica una botella de Pago de Carraovejas no está en los rankings, sino en la suma de una ladera orientada al sur, un suelo calizo que retiene el agua y una finca partida en más de cien trozos para poder vendimiar cada uno cuando le toca.

Fran, sumiller de VIP Drink.

Lo que cuenta la bodega

  • El viñedo está a 850 metros de altitud media, en una ladera perpendicular al Duero. Fuente
  • Combaten la helada negra con molinos antihelada propios de la finca. Fuente
  • La bodega abrió en 1987 y la primera vendimia, en 1991, se hizo con unas 25 hectáreas en producción y unos 70.000 kilos de uva. Fuente

Datos leídos en la web oficial de la bodega el 16 de octubre de 2026.

Vinos de Pago de Carraovejas en VIP Drink

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