Hay quien dedica su vida a un tinto de garantías y quien se obsesiona con demostrar que un blanco puede jugar en la primera división mundial. Rafael Palacios pertenece al segundo grupo. Desde un valle escondido de Ourense, ha convertido el godello en uno de los grandes blancos de España y a Valdeorras en una denominación de culto.
Del Rioja familiar a una obsesión: el vino blanco
Rafael es el menor de una de las sagas más importantes del vino español. Creció en Palacios Remondo, la bodega familiar de Alfaro (Rioja) fundada por su padre, José Palacios Remondo, y es hermano de Álvaro Palacios, figura clave del Priorat. Antes de volar solo se curtió fuera: pasó vendimias en châteaux franceses y trabajó en Australia, y dentro de la casa familiar firmó en 1997 el lanzamiento de Plácet, un viura de barrica que ya apuntaba su fijación por los blancos.
Con esa mochila tomó una decisión poco habitual en su entorno: en lugar de hacer otro gran tinto, buscaría el mejor blanco posible. Y para eso se fue a Galicia.
O Bolo, en lo alto del Bibei
Fundó su proyecto propio en 2004 en el Val do Bibei, en el municipio de O Bolo (Ourense), una zona abrupta de laderas y bancales en la margen derecha del río Bibei. Sus viñedos se sitúan entre unos 500 y 730 metros de altitud, de los más altos de Galicia, sobre suelos graníticos con arena en superficie. Esa combinación —altura, granito y noches frías— es la que da a sus vinos su acidez vibrante y su mineralidad.
Godello y el mosaico de las «sortes»
El corazón del proyecto es el godello, la variedad blanca autóctona de la zona, acompañada de algo de treixadura. Palacios trabaja más de una treintena de parcelas pequeñas repartidas por el valle, herencia del sistema gallego de «sortes» (el reparto por sorteo que fragmentó históricamente la propiedad). Hay viña muy vieja —la parcela Sorte Antiga se plantó en los años veinte— aunque la mayoría data de finales de los setenta y principios de los ochenta. El cultivo es ecológico y biodinámico, con una lectura casi parcelaria del terruño.
De Louro a O Soro: una gama de altura
La gama dibuja una escalera de terruño. En la base, Louro, el godello de entrada, fermentado y criado en foudre, con una producción amplia que lo hace accesible. Por encima, As Sortes, el primer vino de la casa, criado en barricas de 500 litros, ya un blanco de guarda. En la cumbre, Sorte O Soro, un monoparcelar de una viña de 1978 que en 2020 alcanzó los 100 puntos Parker —el primero de un blanco español y de un vino gallego reciente en lograrlo—, y la rareza Sorte Antiga, de las cepas más viejas.
Es una de las pocas bodegas del mundo capaz de ofrecer, con la misma variedad y el mismo valle, desde un blanco de diario hasta uno de los vinos más valorados del país.
Louro: la puerta a Valdeorras
Para asomarse a este universo no hace falta ir a la cima. El Louro es la mejor puerta de entrada: un godello fresco, floral y salino, con el sello de altura y granito de O Bolo, a un precio que invita a repetir. Es la manera más honesta de entender por qué Rafael Palacios ha puesto a Valdeorras —y al godello— en el mapa de los grandes blancos.
