En un momento en que «viña vieja» se ha convertido en reclamo automático de calidad, Javi Revert propone darle la vuelta al argumento. Desde La Font de la Figuera, en el interior de Valencia, este viticultor defiende que lo decisivo no es la edad de la cepa, sino el lugar donde está plantada. Y lo demuestra con unos vinos que se han vuelto referencia de la nueva Valencia.
Un enólogo que quiso volver a casa
Javi Revert se formó y trabajó como enólogo en Celler del Roure entre 2008 y 2020, pero en paralelo, hacia 2015, arrancó su propio proyecto en La Font de la Figuera, su pueblo, en el suroeste de la provincia de Valencia. El punto de partida fueron parcelas heredadas de su familia —entre ellas una viña blanca plantada en 1948—, el hilo que lo unía a la tradición vitícola de la comarca.
Els Juncarejos: altura, caliza y arena
El eje de su trabajo es Els Juncarejos, una ladera que desciende de la Penya Foradà (978 m), orientada al norte, entre los 700 y 830 metros de altitud. Son suelos pobres y poco profundos sobre caliza, con cerca de un 70 % de arena. Ese conjunto retrasa la maduración: como él mismo señala, «la misma variedad madura aquí diez días más tarde que en el valle», lo que se traduce en frescura, tensión y bajos grados naturales.
El lugar por encima de la viña vieja
De ahí nace su idea más provocadora, y también su seña de identidad.
«El lugar es más importante que la viña vieja.»
— Javi Revert (Spanish Wine Lover)
Su razonamiento es histórico: muchas viñas viejas sobrevivieron precisamente en los sitios más difíciles y de menor rendimiento, los que primero se abandonaron. Para Revert, la excelencia está en elegir bien el paraje —altura, orientación, suelo— antes que en presumir de la fecha de plantación. La viña vieja suma, pero no sustituye al lugar.
Variedades casi olvidadas
Revert cultiva unas once hectáreas en Els Juncarejos con un catálogo de variedades autóctonas que estuvieron a punto de desaparecer: tortosí, trepadell, merseguera, malvasía y macabeo en los blancos; arcos, mandó, forcallà, verdil y monastrell en los tintos. De ahí salen etiquetas como Micalet (un blanco de campo bajo la Penya Foradà), Simeta (a partir de la arcos, de ciclo muy largo) o Foradà (una terraza replantada por encima de los 800 metros). Todo se vinifica en depósito de hormigón, con levaduras autóctonas y mínima intervención, sobre un viñedo cultivado en ecológico con prácticas biodinámicas.
Sensal: la tradición de La Font de la Figuera en una copa
Entre sus vinos, el Sensal Blanco es la manera más directa de conocer su universo. Nace en Els Juncarejos, a partir sobre todo de viñedos jóvenes de variedades históricas de la zona, y está pensado para reflejar la tradición vitícola de La Font de la Figuera: un blanco mediterráneo pero fresco, herbáceo y salino, con la firma de altura y arena de Revert. Es, en el fondo, su tesis hecha vino: el lugar, antes que nada.
