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Suertes del Marqués: el cordón trenzado de Tenerife y la nueva frontera del vino español

Suertes del Marqués, en el Valle de la Orotava: viñas francas de pie, cordón trenzado y listán volcánico. La bodega que reescribe el vino de Tenerife.
El cordón trenzado del Valle de la Orotava
El cordón trenzado del Valle de la Orotava

Hubo un tiempo en que Canarias era apenas una escala romántica en la historia del vino: aquellas malvasías dulces que Shakespeare citaba de pasada y que viajaban en barco hasta las cortes de media Europa. Ese tiempo terminó. Hoy el norte de Tenerife es una de las fronteras más emocionantes del vino de autor español, y pocos nombres lo explican con tanta claridad como Suertes del Marqués. En el Valle de la Orotava, sobre suelos volcánicos y con cepas que jamás conocieron la filoxera, esta bodega familiar ha convertido dos variedades tenidas por humildes —el listán negro y el listán blanco— en vinos frescos, minerales y profundamente atlánticos que hoy figuran en las mejores cartas del mundo.

El Valle de la Orotava: viñas que el tiempo no ha podido tocar

Jonatan García Lima, al frente de la bodega
Jonatan García Lima, al frente de la bodega

La bodega se asienta en el municipio de La Orotava, en la vertiente norte de Tenerife, un anfiteatro verde que desciende desde las faldas del Teide hasta el Atlántico. Aquí las viñas trepan entre los 300 y los 700 metros de altitud sobre suelos de origen volcánico, con capas alternas de arenas y arcillas y un pH bajo que resulta decisivo en la copa. Los vientos alisios refrescan las noches y dibujan una viticultura de contrastes: sol atlántico de día, humedad y frescor al caer la tarde.

Su rasgo más extraordinario, sin embargo, no se ve a simple vista. La filoxera —la plaga que arrasó el viñedo europeo a finales del siglo XIX y obligó a injertar casi todas las cepas del continente sobre pies americanos— nunca cruzó hasta las islas. Por eso aquí las viñas siguen siendo francas de pie, sin injertar, y algunas superan el siglo de vida. No hay reloj que las condene.

La ausencia de filoxera en La Orotava implica, en la práctica, un viñedo sin fecha de caducidad.

El cordón trenzado: una rareza que no existe en ningún otro sitio

Fudres de madera en la sala de crianza
Fudres de madera en la sala de crianza

Si hay una imagen que define el Valle de la Orotava es la del cordón trenzado, un sistema de conducción de la viña que no se practica en ningún otro lugar del planeta. En lugar de alzar la cepa sobre una espaldera, el viticultor entrelaza los sarmientos entre sí formando largas trenzas que se extienden en horizontal, apoyadas sobre unos soportes que las mantienen a unos sesenta u ochenta centímetros del suelo. Algunas de estas trenzas alcanzan los quince metros de longitud, y en las plantas más viejas los dos brazos de una sola cepa pueden recorrer distancias aún mayores.

El origen es puro ingenio campesino: permitía adaptar la vid a un terreno pedregoso y accidentado, ganar superficie de cultivo y, entre cosecha y cosecha, recoger las trenzas para sembrar papas, cereales u hortalizas en el mismo bancal. Antiguamente los sarmientos se ataban con juncos o tiras de cuero y se sostenían con horquetas de madera traídas de la laurisilva; hoy los soportes suelen ser de hierro, más duraderos y menos propensos a los hongos. Los cordones pueden ser simples o dobles, y se orientan de norte a sur para aprovechar al máximo el sol. El resultado es un viñedo que se regenera continuamente desde su propia raíz y que se ha convertido en patrimonio vivo. No es casualidad que el blanco más conocido de la casa se llame, precisamente, Trenzado.

Una familia que apostó por lo de casa

Viñedos trenzados sobre el Valle de la Orotava
Viñedos trenzados sobre el Valle de la Orotava

Suertes del Marqués es, ante todo, una historia familiar. El padre de Jonatan compró las primeras parcelas en 1986 para elaborar vino de forma casi doméstica, como tantas familias del valle. La aventura profesional arrancó en 2006, cuando decidieron dar el salto y hacer las cosas en serio. Fue entonces cuando Jonatan García Lima —copropietario y enólogo autodidacta que se había formado en gestión de empresas y no esperaba dedicarse al vino— dejó su otro trabajo para ponerse al frente de la viña y la bodega.

Hoy la familia cultiva alrededor de once hectáreas propias y trabaja con otras diecisiete de viticultores locales, de las que salen cerca de 125.000 botellas al año. La filosofía es de mínima intervención llevada al detalle: fermentaciones espontáneas con levaduras autóctonas, crianzas en hormigón sin revestir y en fudres de roble francés, uso de racimo entero y dosis muy bajas de sulfuroso. El propio enfoque de la casa se resume en intervenir lo menos posible en el vino. La idea es que la copa hable del lugar, no del enólogo.

Listán negro y listán blanco: la nobleza de lo autóctono

Trenzado, el listán blanco de la casa
Trenzado, el listán blanco de la casa

Durante décadas, el listán negro cargó con la fama de uva rústica, buena para el vino de mesa y poco más. Suertes del Marqués ha hecho lo contrario a la moda de plantar variedades foráneas: reivindicar lo de casa. El listán negro y el listán blanco suman prácticamente el 97-98 % de su viñedo, y en sus manos el tinto autóctono se revela nervioso, especiado, floral y de una elegancia que nadie le suponía.

El listán blanco no se queda atrás. Sobre esos suelos volcánicos de pH bajo, Jonatan defiende que la variedad puede alcanzar una tensión mineral sorprendente, con una memoria de tiza que él mismo compara con la de Champagne. Es la mejor síntesis de lo que buscan estos vinos: fruta contenida, salinidad atlántica y una acidez que invita a otra copa.

Los vinos: del Trenzado a los grandes parcelarios

La bodega, en La Orotava
La bodega, en La Orotava

La gama dibuja un recorrido que va de lo luminoso a lo hondo. Trenzado, un listán blanco fresco y salino, es la mejor puerta de entrada. Vidonia sube la apuesta: un blanco de listán blanco de viñas viejas, con fermentación y crianza en madera, serio y de largo recorrido, que recupera el histórico nombre de los vinos blancos de Tenerife.

En tinto, 7 Fuentes —97 % listán negro y 3 % castellana negra— es el vino de villa que ha conquistado a medio mundo por su bebibilidad. Por encima, los grandes vinos de parcela expresan cada rincón del valle con nombre propio: La Solana, El Esquilón, El Ciruelo —un listán negro de cepas viejas de una sola parcela—, Candio o Las Suertes, todos listán negro de viñas viejas trabajadas con racimo entero y crianza reposada. La casa se permite además alguna rareza, como Los Pasitos, elaborado mayoritariamente con baboso negro, otra variedad canaria recuperada. Son vinos de terruño en estado puro, donde una misma uva cuenta historias distintas según el suelo, la altitud y la orientación de la trenza.

Por qué estos volcánicos marcan tendencia

Que Suertes del Marqués se haya convertido en un nombre de culto no es un capricho de la crítica. El mundo del vino pide hoy exactamente lo que ofrecen estas botellas: frescura frente a la sobremadurez, altitud y clima atlántico frente al calor, terruño reconocible frente a la homogeneidad. Vinos que se beben con gusto, que acompañan la mesa y que, al mismo tiempo, tienen algo que contar. Canarias, con su viñedo franco de pie y su cordón trenzado imposible de imitar, se ha ganado a pulso el papel de nueva frontera del vino español.

En vipdrink.es seguimos de cerca a las bodegas que están reescribiendo ese mapa, y los volcánicos de Tenerife ocupan un lugar de honor en nuestra selección de vinos. Si quieres saber qué botella abrir primero, déjate guiar por la Nota VIP, la valoración de nuestro sumiller para cada vino. Descorchar un Trenzado o un 7 Fuentes es la forma más placentera de entender por qué el norte de Tenerife se ha vuelto imprescindible.