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Fedellos do Couto: los traviesos que rescatan la Ribeira Sacra

Fedellos do Couto: viticultura heroica en la Ribeira Sacra y variedades gallegas casi extintas. Vinos atlánticos, frescos y de autor sobre pizarra y granito.
Viñas en bancales sobre pizarra, en la Ribeira Sacra
Viñas en bancales sobre pizarra, en la Ribeira Sacra

Hay lugares donde hacer vino es casi un acto de fe. La Ribeira Sacra, con sus laderas verticales cayendo sobre los cañones del Sil y del Bibei, es uno de ellos: bancales que empezaron a tallarse en época romana, viñas viejas colgadas de la pizarra y el granito, y una única forma posible de trabajarlas, a mano y planta a planta, con el cuerpo pegado a la pendiente. En ese paisaje imposible, un puñado de fedellos —”traviesos”, en gallego— decidió que las variedades atlánticas que Galicia estaba a punto de olvidar merecían una segunda vida. Se llaman Fedellos do Couto y son uno de los nombres que mejor explican por qué la Ribeira Sacra ha vuelto al centro de la conversación del vino español.

Un pazo del siglo XII y cuatro cómplices

Curro Bareño y Jesús Olivares
Curro Bareño y Jesús Olivares

El nombre del proyecto lo dice casi todo. Fedellos es la palabra gallega para los niños inquietos, los trastos, los que no paran quietos; do Couto remite a O Pazo do Couto, la casa señorial del siglo XII que la familia Taboada conserva desde hace generaciones en la aldea de O Couto, en Castro Caldelas (Ourense). Fue Luis Taboada quien, consciente del valor de aquellas viñas viejas orientadas al norte y al este, se rodeó de tres cómplices para darles voz: el viticultor Pablo Soldavini, defensor de la agricultura ecológica, y los enólogos Curro Bareño y Jesús Olivares. El equipo empezó a trabajar unido a comienzos de la década de 2010 con una idea tan sencilla de enunciar como difícil de ejecutar: elaborar vinos que expresaran la tierra, la añada y las variedades autóctonas gallegas, sin maquillaje.

Viticultura heroica: pizarra, granito y pendientes imposibles

Barricas y tinajas en la casa-bodega de piedra
Barricas y tinajas en la casa-bodega de piedra

Las viñas de Fedellos se reparten entre los valles de los ríos Sil y Bibei, en las subzonas de Ribeiras do Sil y Quiroga-Bibei, el extremo más salvaje y menos transitado de la denominación. Hablamos de apenas seis hectáreas trabajadas en bancales que en algunos tramos llegan hasta el 80 % de desnivel, a altitudes que rondan los 350 a 650 metros. Aquí no entra la máquina: cada racimo se vendimia a mano y cada cepa se cuida en ecológico. Es la definición misma de viticultura heroica, un término que la propia Ribeira Sacra ha convertido en bandera y que aquí no es un reclamo publicitario, sino la descripción literal del esfuerzo físico que exige cada botella.

Conviene recordar de dónde viene todo esto. Estos bancales, levantados piedra a piedra para domesticar la montaña, estuvieron durante décadas al borde del abandono: demasiado esfuerzo para demasiado poco rendimiento. Que sobrevivieran viñas viejas de variedades casi olvidadas es, en parte, un accidente feliz de la historia. Proyectos como Fedellos han sabido leer ese legado y convertir la marginalidad en virtud.

El suelo es la otra mitad del relato. Granito descompuesto, esquisto —la pizarra que define buena parte de la comarca— y vetas de cuarcita y arena dibujan un mosaico de terruños diminutos. Esa diversidad de suelos, orientaciones y altitudes es justo lo que la bodega persigue: en lugar de homogeneizar, embotellan la diferencia.

En la Ribeira Sacra el paisaje no es el decorado del vino: es su materia prima. Cada bancal de pizarra cambia lo que ocurre dentro de la copa.

Rescatar lo que casi se pierde: bastardo, sousón y caîño

El cañón de la Ribeira Sacra, viticultura heroica
El cañón de la Ribeira Sacra, viticultura heroica

Si la mencía es la variedad que puso a la Ribeira Sacra en el mapa, el alma de Fedellos está en las uvas que casi nadie quería. La más emblemática es el bastardo, la misma casta que en Valdeorras llaman merenzao y que, cruzando fronteras, no es otra que el trousseau del Jura y los Alpes. Da tintos pálidos, perfumados y ligeros, la antítesis del vino de color y potencia que dominó las modas durante décadas. A su lado recuperan sousón y caíño, variedades autóctonas de acidez vibrante que aportan nervio y capacidad de guarda. En blanco, el godello forma parte de mezclas de campo históricas junto a doña blanca, albariño, treixadura, lado y torrontés, plantadas juntas como se hacía antaño.

Recuperar estas castas no es un capricho estético. Son las uvas que se adaptaron durante siglos a este clima atlántico, húmedo y fresco, y las que mejor traducen la mineralidad de la pizarra. Al rescatarlas, Fedellos no solo conserva un patrimonio genético a punto de desaparecer: reconstruye el sabor original de un territorio.

Los vinos: de Conasbrancas a Bastarda

Bastarda y las castas rescatadas
Bastarda y las castas rescatadas

La gama es pequeña y coherente. En blanco, Conasbrancas es la puerta de entrada: esa mezcla de campo blanca, tensa y salina, que resume la frescura atlántica de la casa; por encima, Testoiro firma la versión más ambiciosa y de guarda. En tinto, As Xaras es una mencía pura procedente del valle del río Xares —afluente del Bibei— sobre suelos graníticos y esquistosos; jugosa y mineral, se cría durante un año entre depósitos de hormigón y barricas de roble francés. Lomba dos Ares parte también de la mencía para un tinto de perfil fresco y digerible.

Y luego está Bastarda, el vino insignia y toda una declaración de principios: bastardo (merenzao) cofermentado, vendimiado en racimo entero, fermentado con levaduras autóctonas y macerado entre cuarenta y sesenta días antes de una crianza pausada de unos diez meses en barricas neutras de gran formato. El resultado es un tinto de poca capa, delicado y especiado, tan alejado del cliché del “gallego de color intenso” que la propia bodega lo etiqueta fuera de la denominación, como Vino de España, para tener libertad absoluta. Esa misma inquietud —de nuevo los fedellos— los ha llevado río arriba, hacia el Val do Bibei, con un proyecto paralelo, Peixes, que estira todavía más los límites del terruño.

En todos ellos se repite un mismo credo de mínima intervención: nada de levaduras ni bacterias añadidas, el raspón como aliado, y vinos que se embotellan sin clarificar ni filtrar y con dosis mínimas de sulfuroso. La firma es inconfundible: frescura, ligereza y una mineralidad de pizarra que solo puede ser gallega.

Por qué Fedellos encaja en el vino de autor

La casa-bodega de O Couto
La casa-bodega de O Couto

Fedellos do Couto condensa todo lo que hace apasionante a la nueva ola del vino de autor español: un lugar extremo trabajado con las manos, la recuperación de variedades al borde de la extinción, la renuncia a la potencia fácil en favor de la frescura y el matiz, y una honestidad casi radical en la bodega. Frente al vino industrial y previsible, aquí cada añada es una fotografía distinta de un año y de una ladera. Es la Ribeira Sacra que ha dejado de mirar solo al pasado para convertirse en una de las regiones más excitantes del Atlántico europeo.

No son vinos para impresionar por músculo, sino para disfrutar en la mesa: tintos ligeros que agradecen unos grados de frío y piden pulpo á feira, un guiso de setas o un pescado de roca; blancos tensos que se crecen con el marisco. Vinos pensados para beber y compartir, no solo para admirar.

Por eso lo contamos aquí, y por eso encaja de lleno en nuestra selección de vinos: proyectos con nombre y apellidos, con una idea detrás y un territorio dentro de la copa. Y si quieres saber cuáles de sus vinos —y de otros elaboradores de esta misma familia atlántica— pasan nuestro filtro y por qué, te lo contamos en la Nota VIP, el criterio del sumiller de la casa.